Si miras las últimas entradas de este blog, verás a una persona que buscaba desesperadamente respuestas. En 2019, mi escritura estaba llena de reflexiones sobre la sanación interior, el "poder de cambiar", el positivismo y conceptos de la Nueva Era. Lo que no se veía detrás de esas palabras era lo que realmente estaba viviendo: me sentía estancada. Sentía que mi vida daba vueltas en círculos, atrapada en las mismas dinámicas, en relaciones mediocres y en la frustración de luchar incansablemente sin alcanzar las metas que tanto deseaba. Buscando una explicación y una salida a ese cansancio, me adentré en ese mundo. Quería creer que si cambiaba mi mente o manejaba mis energías, tomaría el control de mi destino. Sin embargo, con el tiempo me di cuenta de una verdad incómoda: todo eso eran solo pañitos de agua tibia. Producían una sensación de bienestar momentánea, una anestesia pasajera, pero el vacío de fondo seguía ahí...
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